Venus vida

¿Podría Venus albergar vida?

¿Puede la atmósfera de Venus albergar vida? Hoy, en New Physics, abordaremos esta cuestión la cual sonó, hace relativamente poco tiempo, con bastante fuerza en diversidad de medios de comunicación, en ocasiones, obteniendo conclusiones demasiado precipitadas respecto al descubrimiento en pos de obtener una mayor repercusión mediática. No importa, porque hoy analizaremos qué se encontró en Venus y por qué este es un descubrimiento importante y alentador para la búsqueda de vida más allá de la Tierra, pero, a su vez, por qué no debemos cantar victoria tan pronto ante tan complicada misión.

El descubrimiento

Como decíamos, recientemente, multitud de noticias y grupos periodísticos se hacían eco de la posibilidad de encontrar vida en Venus. Y es que un grupo de científicos ha encontrado fosfano en las nubes de Venus. ¿Y qué tiene esto de increíble? ¿Tan importante es este descubrimiento? El fosfano es un gas que es conocido por ser producido en la presencia de vida, es decir, está considerado como un biomarcador. Sin embargo, seguro que hay procesos abióticos añadidos donde este gas puede producirse sin la presencia de vida, ¿no? Pues no, a día de hoy, la presencia de fosfano es inexplicable sin la presencia de vida, o al menos, no en las cantidades en las que se encontró este gas en la atmósfera de Venus. Volveremos a esto más tarde.

 Por tanto, nos encontramos ante una evidencia significativa de potencial vida en Venus, suponiendo que este fosfano no tenga una explicación abiótica que descarte la presencia de vida. Sea como fuere, debemos encender las alarmas porque el asunto no pinta nada mal.

Sin duda, resulta realmente chocante siquiera hablar de vida en Venus, pues se trata del planeta más caliente de nuestro sistema solar, siendo la temperatura de su superficie capaz de derretir el propio plomo (su atmósfera se encuentra a unos 470 ºC). Además, presenta nubes con ácido sulfúrico, su presión atmosférica superficial es gigantesca (unos 93 bares) y un largo etcétera de condiciones que no concuerdan precisamente con la Tierra ni con la vida tal y como la conocemos. Parecería que estamos ante todo un infierno para la vida. No obstante, no cierres este artículo porque las esperanzas no se acaban aquí dado que, a gran altura, sobre las nubes de ácido sulfúrico, en su atmósfera, las condiciones son mucho más beneficiosas para la posible proliferación de vida. Las temperaturas y las presiones son parecidas a las de la Tierra y hay presencia de agua, lo que, sin duda, arroja una oportunidad ilusionante.

¿Es esto realmente algo nuevo?

Alguno probablemente ya lo sepa pero ya se ha detectado con anterioridad fosfano en Júpiter y Saturno. ¿Quiere decir esto entonces que Júpiter y Saturno son también potenciales planetas para albergar microorganismos capaces de producir ese fosfano? La respuesta es no. Como decíamos más arriba, la producción de fosfano es inexplicable sin la presencia de vida y os prometí que volveríamos con esto. Y es que no fui todo lo detallista que debía con respecto a esta cuestión.

En Júpiter y Saturno el fosfano se ha formado en el interior de sus atmósferas reductoras a unas temperaturas y presiones altísimas, tan altas que es imposible que estas condiciones se reproduzcan en un planeta rocoso como Venus. Pero no solo tenemos esto en contra, sino que además, como he mencionado, las atmósferas de Júpiter y Saturno son reductoras, es decir, los compuestos con hidrógeno dominan sobre los compuestos con oxígeno. En Venus, la capacidad oxidante de su atmósfera destruiría cualquier presencia de fosfano. Es por esto, que para un planeta rocoso como Venus, la única respuesta que conocemos es la que hemos encontrado en nuestro propio planeta y, en la Tierra, el fosfano presente en la atmósfera ha sido formado por la actividad de la vida.

Su detección

Para la detección del fosfano, un grupo de investigadores observó a nuestro vecino rocoso utilizando para ello los radiotelescopios ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), situado en Chile, y el JCMT (James Clerk Maxwell Telescope) en Hawái. No obstante, ni sus objetivos ni sus aspiraciones eran las de encontrar fosfano en Venus, sino afinar el grado de resolución espectral necesario para conseguir la detección de esta sustancia en un planeta rocoso. De esta manera, la técnica que buscaban perfeccionar y que utilizaron para la detección de fosfano consiste en el análisis de las líneas del espectro electromagnético que se observan en las nubes de la atmósfera de Venus. Los distintos elementos presentes en la atmósfera de Venus dejan su huella en el espectro y, después, con minucioso detalle, se estudia si la huella del fosfano se encuentra presente en dicho espectro.

Podemos asemejarlo a las huellas dactilares que un detective puede buscar en el lugar donde se ha cometido un crimen, con el objetivo de encontrar la persona a la cual pertenecen estas huellas. Pero en nuestro caso las huellas dactilares son líneas de absorción en el espectro electromagnético y, en lugar de posibles criminales, encontramos los distintos elementos presentes en la atmósfera que estudiamos. Pura óptica en definitiva.

ALMA
Atacama Large Millimeter/submillimeter Array

¿Alternativas abióticas?

Como ya hemos comentado, no se conoce, hasta la fecha, ningún proceso que no involucre la actividad de la vida para explicar la producción de fosfano. Sin embargo, en esta dirección se han propuesto numerosos procesos. Cabe destacar la formación fotoquímica a partir del fósforo y la luz ultravioleta del Sol, el escape de depósitos subterráneos, los volcanes y los meteoritos que hayan podido traer esta sustancia. Sin embargo, todos estos procesos se quedan cortos para explicar las concentraciones del gas detectadas.

Ante este panorama, uno podría concluir entonces, que la vida parece la única y más apta candidata para resolver el problema. Pero, de nuevo, nuevos obstáculos aparecen.

En la Tierra, existen bacterias anaeróbicas que generan fosfano, en principio de forma directa. No obstante, sabemos muy poco sobre este proceso y algunos expertos sugieren que esta producción no sea directa. Es decir, serían necesarias otras sustancias que no estarían presentes en las nubes de Venus.

Así mismo, otro obstáculo que nos encontramos en nuestro camino para la búsqueda de vida en Venus es la necesidad de explicar cómo los supuestos microorganismos de Venus son capaces de sobrevivir flotando sobre las nubes de Venus constantemente. En la Tierra, sabemos que las bacterias pueden sobrevivir a unos 40 kilómetros de altura, pero no pueden sobrevivir a esa altura sin interactuar con capas atmosféricas más bajas o incluso con la superficie.

A modo de conclusión, ¿es esta noticia una prueba definitiva de que hay vida en Venus? Evidentemente no. Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Si finalmente la existencia de vida en Venus es una realidad, no será el descubrimiento de más fosfano lo que lo confirme. Se necesitan muchas más observaciones y el descarte de otras opciones importantes. Por tanto, la actitud ante tal descubrimiento debe ser, desde luego, ilusionante, pero también cauta. Como el propio equipo investigador responsable proponía, la explicación más probable será la existencia de algún proceso geoquímico o fotoquímico que desconocemos. Por ahora, ya veremos que nos depararán investigaciones venideras.

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Planeta Venus
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